Parece de sentido común que si
una persona o una empresa no paga sus deudas y sus facturas le sean embargados
sus bienes. Parece lógico que si alguien no puede asumir su hipoteca, el banco
se quede con su casa o que si una empresa no puede pagar las facturas a sus
proveedores entre en concurso de acreedores. Parece justo, pero no siempre lo
es.
Vivimos tiempos difíciles.
Tiempos en los que pocos empresarios no pasan apuros para pagar las nóminas y
las facturas cada mes y en los que pocas son las familias que no han tenido que
empezar a recortar los gastos superfluos que antes se permitían. El problema es
que en nuestra economía globalizada y moderna todos los agentes que intervienen
en los mercados están relacionados. Empresas, gobierno, bancos y familias
guardan una relación tan estrecha que los desajustes de la crisis están
convirtiendo en una realidad cotidiana la “frase-mito” que dice que si una
mariposa agita sus alas puede desencadenar un huracán al otro lado del mundo.
La ecuación-relación de nuestra
economía es mucho más simple de lo que parece: una PYME que cierra deja sin
trabajo a, por ejemplo, sesenta trabajadores, los cuales la gran mayoría pasan
a cobrar el paro. La retribución que reciben ahora de la Seguridad Social siempre es menor que su salario anterior y además algunos de
ellos son personas mayores que tendrán muy difícil encontrar un nuevo empleo. Los
que no tienen paro cobran subsidios de garantía social que no llegan ni para pagar la comida básica de un mes. Todos ellos de una forma u otra bajarán su
consumo lo que significa que todos los establecimientos en los que se dejaban
parte de su sueldo verán recortados sus ingresos y el estado recibirá menos IVA
(imagínense llevar esta cifra a cinco millones de personas en lugar de a
sesenta….).
Pero el drama de que una empresa
cierre no se detiene ahí, afecta a muchos más agentes que solo a los propios
trabajadores. Proveedores que se quedan sin cobrar facturas por cientos de
miles de euros y que puede que acaben bajando la persiana también, entidades
financieras que no van a cobrar préstamos ni intereses que la empresa les debía
y que tendrán que acabar por subir sus intereses a futuros y actuales clientes
si no acaban siendo antes intervenidas por el Estado, una administración pública
que ya no recibe los impuestos con los que se mantienen los sistemas de
pensiones, educación, sanidad… y que, como está pasando, tendrá que aplicar
recortes para no llegar a la quiebra…
Todo está conectado y por eso,
necesitamos que se empiecen a aplicar soluciones y medidas para que España no
se hunda; pero, aplicar la ley está convirtiendo la vida de decenas de miles de
familias en una pesadilla. Los embargos condenan a la miseria más absoluta: ya
no tienes casa pero tienes que seguir pagándola. Ya no tienes donde vivir pero sigues teniendo deudas que no puedes
asumir. ¿Es justo? Puede que sí. ¿Es humano? Desde luego que no. Una familia
sin techo son niños que van a estar marcados para siempre por unos padres que
puede que acaben delinquiendo o que caigan en adicciones al sentirse totalmente
impotentes ante la situación o chavales que tendrán que abandonar sus estudios
para que su familia tenga comida caliente y un sitio donde dormir.
Creo que es algo sobre lo que
todos deberíamos reflexionar. No es justo que una caja de ahorros no cobre su
dinero porque de ese dinero viven los empleados de banca de este país pero
tampoco es justo que esta crisis se acabe llevando por delante a cientos de
miles de familias españolas.


